Pero piensa uno, a lo mejor porque de esta corriente artística que prima los elementos básicos y las formas geométricas escuetas no entiende mucho, que de lo que se trata en de “un chillido” destemplado.
“Es una metáfora”, declara la autora. Pero las metáforas, por definición, son alegóricas, simbólicas, alusivas. ¿Hay alguno que, desgarrado el primer plano impoluto y se tropiece con los lunares – simétricos, perfectamente alineados –, le sugiera el color y la pasión de la feria agosteña? ¿Quizás la evocación de un traje de faralaes? Me temo que no.
Más bien el anuncio pudiera evocar, por lo despersonalizado y frío, una muestra de elementos mecánicos o técnicos, no sé. Que se desgarre el plano, pero tras él ¿por qué huir de los mil motivos que significan la quintaesencia de Málaga? Aunque sea con una levísima pincelada.
A lo peor es que uno, trasnochado, está chapado a la antigua y se resiste estoicamente a esa pátina de innovación que se le ha querido imprimir.
Foto de SUR