Para atender la paga extra del verano a los pensionistas el Gobierno tuvo que recurrir al Fondo de Prevención y Rehabilitación.
De momento este es un paso previsto y no hay que huir del alarmismo entre los que nos acercamos cada final de mes al banco a recibir los estipendios que nos permite seguir subsistiendo, en muchos casos ayudando a familiares que padecen el azote del desempleo.
Pero no hay quien nos quite la mosca detrás de la oreja. Dicen en mi pueblo, al sur del sur, que cuando en un hogar se echa mano a la hucha de los ahorros para solventar necesidades perentorias el panorama se presenta sombrío para la familia. A gran escala, es lo que vemos está ocurriendo con las pensiones, las cuales, hay que decirlo en el Pacto de Toledo se sacralizaron (entre otras medidas mantener el poder adquisitivo de las pensiones) como era de rigor. Se están levantado voces de pseudos economistas preconizando algo así como que si todo el mundo tiene que apretarse el cinturón por qué no los pensionistas.
Olvidan que es lo que llevábamos haciendo desde siempre con unas pensiones raquíticas, mermadas ahora por el copago sanitario.
Apuntan además que el Gobierno tendría que reconsiderar el abono de la paga extra de Navidad y lo que nos corresponde anualmente por el aumento del IPC, para no tener que recurrir al Fondo de Reserva, mermado sustancialmente por la caída de la filiación ala Seguridad Social.
Haría bien el Ejecutivo de hacer oídos sordos a estas sugerencias que de realizarse vendrían a anticiparnos la cuchillada final.
JOSÉ BECERRA
Categoría: actualidad. Superior.