En torno a la más que una probabilidad – hay que vender lo que sea y como sea – de que el Gobierno dé vía libre al permiso de residencia a los extranjeros que adquieran una vivienda con un precio superior a 160.000 euros se han disparado todas las opiniones habidas y por haber.
Los que no están a favor esgrimen que la medida va a significar un coladero para que las mafias rusas y chinas se instalen en el país a sus anchas sin tener que soslayar ningún impedimento. Un resquicio en la ley de extranjería.
Porque es de presumir que sean los países extracomuunitarios los que busquen esa oportunidad con ahínco, porque no cabe pensar que por otros motivos los que pertenecen ala UE vengan a sentar sus posaderas aquí. Y desde luego, los emigrantes que buscan por estos ámbitos un nuevo horizonte de vida a sus paupérrimas vidas y los que ayudaron en tiempos de bonanza a reflotar con su trabajo, no siempre bien pagado, a la economía española, no podrán llegar jamás a esa cantidad establecida. Juzgan éstos una burla por parte del Gobierno, y les asiste toda la razón.
Por otra parte, ¿no se produciría un tajo denigrante poniendo a un o y otro lado los compradores de allende fronteras y los nacionales? Éstos últimos muestran su interés por comprar pero la banca les niega el pan y la sal, amén de la desastrosa situación de paro, carencias y despiadados desahucios que atravesamos.
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