A causa de la desafección palpable de la sociedad por la clase política movida por las adversas circunstancias por las que atraviesa España y la escasa o nula solución que aquélla arbitra para su solución (cuando no la agudizan con los casos de corrupción que se dan entre sus filas, y no queremos generalizar, ya que existen políticos honrados y fieles cumplidores de sus deberes representativos), se está verificando un hecho que da motivo para considerar sin prejuicios nuevas propuestas.
Están surgiendo con la misma prodigalidad que las flores en mayo cantidad ingente de nuevos partidos de la más variada índole como alternativa a los tradicionales. El movimiento del 15-M está detrás de muchos de ellos, sobre todo el llamado Partido del Futuro o X que quiere hacer sin tabla rasa de los que ahora pululan dentro de las instituciones que nos dimos, apuntar hacia otra dirección.
No se debe echar en saco roto la aparición de estos nuevos partidos ajenos al “establishment”, a saber, grupos de poder, económicos, corporativos y eclesiásticos, que vengan (o lo intenten) renovar el aire de organismos no pocas veces viciados, sin necesidad de recurrirse a medios hostiles o violentos.
La política actual, en buena medida, a perdido el norte de un servicio público (de ahí el cabreo), que, en definitiva, es donde reside la representación democrática que empezó su andadura 36 años atrás.