Es un fenómeno que puede encontrar explicaciones, pero que analizado con algo de frialdad no deja de llamar la atención. Un accidente de avión con 280 muertos como el que acaba de sacudir al mundo esta semana causa un impacto infinitamente mayor que el mismo número de víctimas acumuladas en las carreteras en fines de semana sucesivos. Es verdad que por inusuales, las catástrofes aéreas parecen más catástrofes, y por ello tan usual es leer o escuchar historias acerca del afortunado que perdió el avión por minutos como inusual hacerlo sobre quien por suerte no subió al coche destinado a sufrir un accidente.
Hay ejemplos más paradójicos. España,donde la gripe de toda la vida causa de forma directa o indirecta 70.000 muertes al año, se alarma por una decena de contagios de una gripe nueva que de momento no ha causado en el país más que alguna leve y aislada complicación.
La paradoja se dispara en la economía. Muchas veces parece que el cierre de una fábrica de 200 trabajadores y el cierre de un hotel de las mismas dimensiones tuvieran repercusiones diferentes, como si los hoteles carecieran de industrias auxiliares y de influencia en la economía de su zona. Como si los planes de rescate o las ayudas excepcionales sólo valieran para quien fabrica coches o teléfonos móviles.
En Marbella acaba de cerrar un hotel que iba camino del medio siglo como referencia de excelencia turística. Lo han dejado languidecer durante años y ahora se escuchan algunas quejas. Tardías