Los sorteos pueden ser caprichosos. A veces el azar arroja algún resultado irónico. Pero esta vez se ha pasado. Ha estado burlón. Cínico incluso.
El Marbella, un club de fútbol de segunda división B que a duras penas sobrevive, paga con retraso a sus futbolistas y no suele ofrecer a sus aficionados más que alguna aislada alegría, se ha clasificado para la siguiente fase de la Copa del Rey. Tiene su mérito, y además da la oportunidad de medirse con un grande. Ha tocado el Atlético de Madrid.
El ‘Atleti’ no sólo fue el reclamo de notoriedad con el que su entonces presidente, Jesús Gil, llegó -con los nefastos resultados conocidos- a la Alcaldía de Marbella en 1991. También fue uno de los instrumentos utilizados en el saqueo. El conocido como ‘caso camisetas’, originado en el ardid de una supuesta iniciativa publicitaria, acabó con Gil y varios de sus secuaces en la cárcel, la ciudad con su deuda disparada y el cementerio embargado.
Durante años, y no sólo por ese caso, no fueron pocos los vecinos que tuvieron la sensación de que la ciudad financiaba la celebridad deportiva de un gángster. Las vinculaciones societarias que vieron la luz en el ‘caso Malaya’ no hicieron más que alimentar esa sospecha.
El Marbella es un equipo modesto, sin duda, pero que representa a una ciudad que tiene su importancia. Seguramente nadie pedirá a los rivales que se dejen ganar. La ciudad se conformaría con que le devolvieran apenas algo de lo que se llevaron.