Antes de que los demócratas soñaran siquiera con volver al poder en Estados Unidos, cuando el neoconservadurismo republicano dominaba no sólo el poder político, sino también la agenda mediática, cuando su forma de entender la vida pública y privada se había impuesto como si fuera el sentido común de toda la sociedad, el lingüista George Lakoff publicó un libro que vino a proponer no un cambio político, sino algo mucho más importante: un cambio en la forma de pensar.
El libro -titulado ‘No pienses en un elefante’- venía a advertir de que el cerebro humano funciona a partir de marcos conceptuales, y que cuando se tiene conocimiento de hechos que no encajan en los marcos, estos se mantienen en la cabeza y los hechos se ignoran. Por eso, para los comunicadores políticos resulta tan importante machacar al personal hasta conseguir imponer su manera de ver la realidad. Se destacan los hechos que se ajustan a ese objetivo y se ignoran los que lo contradicen.
Es posible que los asesores del alcalde de Estepona, David Valadez, hayan digerido mal la lectura de Lakoff. Sólo así se entiende la estrategia adoptada para afrontar las nuevas imputaciones de la que ha sido objeto, esta vez por parte de la misma jueza que instruye ‘Astapa’, por presunto delito mercantil y de falsedad en documento público.
Valadez, que construyó su carrera política a partir de la denuncia contra su propio grupo para erigirse en paladín de la legalidad, no puede permitir ahora que toda su estrategia se venga abajo por unas imputaciones que lo igualan a sus viejos compañeros de ruta. Por eso ha venido a decir que todas las acusaciones que ya acumula y las que vengan en el futuro no son consecuencia de actuaciones ilegales, sino de su condición de denunciante. «No se me perdona», ha dicho como toda explicación. Algo así como: «cuanto más me imputen, más honesto soy».
Es difícil vaticinar si esta estrategia de darle la vuelta a los hechos se coronará con el éxito. Pero sí resulta fácil entender por qué cada día la política y los políticos interesan menos a los ciudadanos. A nadie le gusta que lo tomen por imbécil.