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Héctor Barbotta

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La Junta iza la bandera blanca en Ricardo Soriano

Cuando en junio de 2006 la Junta de Andalucía se hizo con las competencias urbanísticas de Marbella, una de las primeras iniciativas que adoptó fue el cambio de la disposición interna de las dependencias municipales de la avenida Ricardo Soriano que hasta pocos meses atrás había sido el cuartel general de Juan Antonio Roca. Se modificó la ubicación de tabiques móviles, se cambió la disposición de los despachos y se colocaron banderas que le dieron a las dependencias un tono institucional del que hasta entonces había carecido, convertido, como había estado, en un mercado de influencias mercantiles e intereses privados.
Estaba claro entonces que la Junta (y el PSOE) quería transmitir el mensaje de que todo había cambiado en Marbella. Que un socialista ostentara la presidencia de la gestora le permitía que se pudiera visualizar que el cambio había llegado de su mano. Durante los 14 meses en los que la dirección política del Ayuntamiento estuvo en sus manos, los socialistas albergaron la esperanza de capitalizar en las urnas el nuevo clima creado en la ciudad con la desaparición del gilismo, pero la falta de trabajo en los barrios, la presentación de un aspirante que no mostró el más mínimo interés por el encargo de su partido y una candidatura rival que reunía más méritos barrió esa expectativa. Marbella se sumó con una década de retraso a la tendencia que ya se había instalado en el resto de la Costa del Sol y se convirtió en un territorio bajo la hegemonía política del Partido Popular.
Con los últimos resultados electorales en la mano, con el PP afianzado y el PSOE luchando por no bajar del 30 por ciento de respaldo electoral, no deja de llamar la atención que ésta sea una plaza que hace apenas cinco años los socialistas aspiraran a disputar. Es evidente que el discurso impulsado desde el Ayuntamiento durante el primer mandato de Ángeles Muñoz, que situaba a la Junta de Andalucía en el centro de todos los males que sufre la ciudad, acabó por imponerse en la conciencia colectiva de la ciudad. Ello no debería llamar la atención. Primero, porque no se trata de un discurso nuevo, ya que los anteriores gestores lo utilizaron durante quince años, y segundo, porque tiene una base sólida en la que asentarse: ahí están los centros de salud hacinados, las obras del hospital paralizadas sin explicación o los nuevos colegios que no se construyen. Lo que sí llama la atención es que los socialistas no hayan hecho nada por combatir ese discurso, que hayan abandonado toda expectativa de volver a tener peso político en Marbella, que no hayan intentado sacar el más mínimo rédito político a actuaciones como la inauguración del Andalucía Lab o la adjudicación de las obras de ampliación de La Bajadilla, por lejos la mejor noticia que ha recibido la ciudad en el último lustro.
El más reciente y mejor ejemplo de que han tirado la toalla, de que no tienen política para Marbella, se ha visto, precisamente, en el destino que se le dará al edificio acristalado de la avenida Ricardo Soriano donde todavía funciona la sede de Urbanismo y que ha sido cedido por el Ayuntamiento a la Junta a cambio de una quita de cinco millones de euros en la deuda que la administración municipal mantiene con la autonómica.
Cualquiera con un proyecto para esta ciudad, o al menos con un mínimo sentido de la oportunidad política, hubiese visto en esta situación una oportunidad para liderar alguna iniciativa en Marbella. No solo porque se trata de un edificio con una fuerte carga simbólica –adquirido por el ayuntamiento de Gil en una operación fraudulenta, convertido después en la guarida desde la que se perpetró el saqueo de Marbella y recuperado para la ciudad cuando los usurpadores fueron a la cárcel–, sino también por sus condiciones objetivas, ya que es un edificio situado en pleno centro y con una extensa fachada sobre la principal avenida de la ciudad.
Necesitada como está Marbella de equipamientos públicos y con la administración deudora de muchos de esos equipamientos haciéndose con un inmueble de esas características, la lógica invitaba a pensar que se aprovecharía la oportunidad para crear un nuevo centro de salud, un centro educativo, una biblioteca, o que se lo enajenaría para afrontar alguna de las actuaciones pendientes… algo. Lejos de eso, la Junta ha optado por sacar de tapadillo la subasta del inmueble e informar, a regañadientes y tras insistentes requerimientos, que los fondos resultantes contribuirán a obtener liquidez.
Abandono o rendición, si alguien tenía alguna duda de que el PSOE da por perdida la plaza de Marbella, en el edificio de la avenida Ricardo Soriano tiene una respuesta.

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Sobre el autor

Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella


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