Resulta difícil ponerse en la piel de los ciudadanos, de Marbella o de fuera de Marbella, que en esta época de vacas flacas tuvieran que acercarse a realizar alguna gestión al edificio azul de Ricardo Soriano en el que hasta hace pocos días funcionaron las dependencias municipales del Urbanismo.
Ubicadas frente al cuartel general de Gil y a pocos metros de la casa y de las oficinas privadas de Juan Antonio Roca, fue allí donde durante años funcionó el despacho donde los constructores hacían cola con los maletines que utilizaban como llave para construir donde no se debía. Muchos vecinos llamaban a ese edificio (en realidad los bajos de un edificio) “el ayuntamiento azul”. No era por desconocimiento, sino por la certeza de que era allí, y no en el edificio consistorial de la Plaza de los Naranjos donde se ejercía el poder municipal. Con no menos acierto, otros vecinos habían bautizado al inmueble como “la cueva de Alí Babá”.
La semana pasada se consumó la mudanza de Urbanismo a sus nuevas oficinas en tres plantas del edificio que se levanta sobre lo que una vez fue la antigua sede de correos.
Para que la alegoría fuera, completa la propiedad municipal sobre estas nuevas oficinas es consecuencia de las compensaciones que han tenido que pagar los propietarios del edificio para legalizar el inmueble, construido también durante la época en que las puertas de la construcción solo podían abrirse después de esperar en la antesala de las oficinas de Roca con un maletín entre la piernas.