Seguramente habrá quien piense que a estas alturas no deberíamos asustarnos porque alguien diga que en el entorno de la Costa del Sol se está instalando una mafia vinculada al narcotráfico. Hace ya mucho tiempo que esta zona convive con organizaciones criminales que ven aquí un buen lugar para refugiarse, pasar desapercibidas entre tanta población extranjera con altísimo nivel de vida y blanquear mediante inversiones inmobiliarias. Incluso habrá quien recuerde cuando desde los mismos países que nos enviaban a sus criminales se bautizó a la Costa del Sol como la Costa del Crimen, una situación que se tapó porque no venía bien a la promoción turística hasta que los ajustes de cuentas, en algunos casos con balas perdidas que se cobraban víctimas colaterales, obligaron a abordar el asunto.
Habrá quien piense que no deberíamos asustarnos, pero solamente un irresponsable no se tomaría en serio lo que está sucediendo en el Campo de Gibraltar. La Asociación Unificada de Guardias Civiles alertó la semana pasada de que en esa zona, a tiro de piedra de la Costa del Sol, se está conformando el primer cártel de la droga de España y eso es mucho más de lo que hemos visto hasta ahora. El ministro del Interior, con la fatuidad y la insolvencia acostumbradas, se ha apresurado a decir que no es así. Ha exhibido como sustento de su afirmación el récord de aprehensiones de droga que se está batiendo últimamente, pero hasta el último en llegar a las crónicas de sucesos y cualquiera que haya hablado alguna vez con expertos policiales sabe que cuando se incauta más droga es porque está entrando más.
El ministro no puede mostrar un dato, ni uno solo, de que se estén destinando más fondos para afrontar la situación que se empieza a experimentar en el campo de Gibraltar, una zona sensible y vulnerable como todas las zonas de frontera, azotada además por el flagelo del paro y la falta de oportunidades que convierten al mundo de la droga en una opción tentadora para miles de jóvenes sin futuro.
Hace ya tiempo que quienes trabajan sobre el terreno vienen alertando de la necesidad de asumir el problema, de dotar de más medios a las fuerzas policiales y de invertir en serio para ofrecer una opción de vida a quienes no encuentran otra alternativa que convertirse en peones de ese juego siniestro. Después de los sucesos que pusieron en duda la ecuación básica democrática de que el monopolio de la fuerza la tiene el Estado, se supuso que habría un desembarco de recursos para combatir a los narcos. Los refuerzos apenas estuvieron el tiempo necesario para que el ministro se hiciera la foto.
Esto va en serio y está aquí al lado. Si creemos que no nos va a afectar erramos de lleno.