«Mallorca no es Marbella», dijo cuando comenzaron a gotear los primeros casos de corrupción sobre las islas Baleares, donde él todavía mandaba. La ‘operación Malaya’ estaba aún candente y pesaba sobre Marbella el sambenito de capital mundial de los tejemanejes. La entonces candidata Ángeles Muñoz lo trajo casi de las orejas para que diera explicaciones. El invitado lo hizo con la boca pequeña, y dedicó más tiempo a dar lecciones de gestión turística. En Marbella. Los hooligans evacuando por las calles de las islas y la Guardia Civil registrando su palacete de Palma han venido a demostrar que Jaume Matas tenía pocas lecciones que dar en esta ciudad. La imputación que ahora acaba de caerle tras el súbito aumento de su patrimonio ahorrará en el futuro nuevas clases magistrales. De turismo y de ética.
La larga lista de casos de corrupción que han jalonado 2009 -incluidos Gürthel, Pretoria, Poniente y los más domésticos de Almogía y Alcaucín- han venido a demostrar no sólo que Mallorca no es Marbella, sino que ambas, Mallorca y Marbella, son España. Esta generalización de la corrupción -que supone un balance no menos negro del año que termina del que dibujan la violencia de género y el desempleo incontenible- posiblemente dé sustento a quienes durante los primeros días de ‘Malaya’ se quejaban de que la operación policial hubiese tenido lugar en Marbella cuando el uso privado de las instituciones y el enriquecimiento a costa del ladrillo sin control eran males generalizados.
Ese argumento, que sonaba a rabieta de quienes sabían que echarían de menos las migajas que Gil y sus secuaces dejaban caer de vez en cuando para asegurarse un latrocinio con consenso social, sostenía que la policía y los jueces se habían atrevido con Marbella porque aquí no mandaban ni el PSOE ni el PP. Ahora se ha demostrado que era una falacia en toda regla. Primero, porque el Estado aguantó impertérrito el desafío del GIL durante 15 años sin hacerle frente. Y segundo, porque este año, finalmente, han caído de todos los colores. Antes que dar lecciones toca actuar con decencia.