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Jose Luis Escudero Gallegos

Tormentas y Rayos Jose Luis Escudero

El terral sí entra en Rincón de la Victoria: una historia de viento, arroyos y recuerdos con mi amigo José María Galindo

Muy buenos días, amigos de la meteo.

Muchos me habéis preguntado estos días por qué entra el terral en Rincón de la Victoria, especialmente durante este mes de octubre, cuando los termómetros han llegado a marcar entre 29 y 30 ºC.

Pues bien, hoy quiero compartir con vosotros una historia muy especial, basada en mis propias vivencias y observaciones meteorológicas, que comenzó allá por el verano de 2004.

Esta historia forma parte de uno de los capítulos del libro que estoy terminando de escribir, pero he querido adelantaros un pequeño fragmento en mi blog.

¡Así que estáis de enhorabuena, porque os traigo una primicia!

El terral sí entra en Rincón de la Victoria: una historia de viento, arroyos y recuerdos con mi amigo José María Galindo

Una historia de terrales, arroyos, espetos de sardinas y, sobre todo, de una gran amistad con José María Galindo Carrillo, «24 Horas», una persona a la que siempre recordaré con muchísimo cariño.

«El terral no pasa de la fábrica del cemento»

¿Cuántas veces habremos escuchado los malagueños esta frase?

Desde siempre se ha dicho que el terral no llega a Rincón de la Victoria, que su límite está en la fábrica de cemento de La Araña y que, a partir de ahí, los vecinos de La Cala del Moral, Rincón de la Victoria y Torre de Benagalbón se libran de ese viento tan característico de los veranos malagueños.

Pero ¿es realmente así?

Los rinconeros de toda la vida saben de sobra que el terral sí entra en Rincón de la Victoria. Y yo también puedo dar fe de ello, después de haber pasado durante muchos años mis vacaciones de verano en esta maravillosa zona de la Axarquía.

Eso sí, el terral que he observado allí tiene unas particularidades que lo diferencian de los episodios más persistentes que se producen en Málaga capital.

Para explicar cómo llegué a comprenderlo, tengo que remontarme al verano de 2004.

José María Galindo Carrillo, un amigo al que nunca olvidaré

 

 

En el año 2004 tuve la suerte de conocer a José María Galindo Carrillo, mientras espetaba sardinas en el Chiringuito La Marina.

Para mí, José María era el mejor espetero de toda la costa malagueña. Y digo era porque, desgraciadamente, ya no está entre nosotros.

Conectamos enseguida. Bastaba con empezar a hablar de meteorología para que las conversaciones se alargaran. El terral, las DANAS, las tormentas y las lluvias torrenciales eran algunos de nuestros temas favoritos.

Fue precisamente José María quien me aseguró aquel verano:

«El terral sí entra en La Cala del Moral, Rincón de la Victoria y Torre de Benagalbón».

Aquello despertó todavía más mi curiosidad.

También hablábamos mucho de los arroyos del municipio. José María me comentaba que Rincón de la Victoria cuenta con 14 arroyos y siempre prestábamos especial atención a tres de ellos: el arroyo Totalán, el arroyo de Benagalbón y el arroyo Granadillas.

Nos preocupaba que hubiera viviendas construidas demasiado cerca de sus márgenes, porque conocíamos el peligro que pueden representar estos cauces cuando se producen precipitaciones torrenciales.

Más de una vez comentamos que algún día sus vecinos podrían llevarse un buen susto si una DANA dejaba lluvias muy intensas en sus cuencas.

Pero José María no solo me enseñó cosas sobre el tiempo y los arroyos.

También me enseñó a espetar sardinas.

Y eso es algo que siempre le agradeceré.

Si mi apodo es Terral, el suyo era «24 horas», porque siempre estaba disponible para todo el mundo. Era de esas personas que dejan huella y que uno recuerda con especial cariño cuando pasan los años.

Agosto de 2004: mi primer encuentro con el terral en Torre de Benagalbón

Curiosamente, aquel mismo verano de 2004, coincidiendo con la festividad de la Virgen de la Asunción, el 15 de agosto, viví una experiencia meteorológica que nunca he olvidado.

Era temprano por la mañana y me encontraba en Torre de Benagalbón.

De pronto, comencé a notar algo muy curioso.

A mi espalda llegaban rachas de aire caliente, mientras que, mirando hacia el mar, se percibía aire más fresco.

La diferencia era muy llamativa.

Aquello me hizo recordar inmediatamente las palabras de José María. ¿Sería realmente el terral del que tanto habíamos hablado?

Como la curiosidad meteorológica siempre ha podido conmigo, aquella misma tarde decidí investigar por mi cuenta.

Y no se me ocurrió otra cosa que ponerme a caminar por el arroyo de Benagalbón, en dirección hacia su nacimiento.

Durante los primeros kilómetros, la temperatura era completamente normal para una tarde de agosto.

Pero, de repente, sucedió algo que me sorprendió.

Comenzaron a bajar por el cauce rachas de aire claramente más caliente.

Era una sensación muy parecida a la que había experimentado aquella mañana junto a la costa.

En ese instante comprendí que los arroyos podían estar desempeñando un papel fundamental en la llegada del terral a Rincón de la Victoria.

Al día siguiente, 16 de agosto, volvió a producirse una situación semejante, aunque esta vez el aire caliente apareció por la tarde y el episodio duró poco tiempo.

Aquellas dos jornadas se quedaron grabadas en mi memoria.

La explicación meteorológica: el papel de la Sierra de Camarolos y los Montes de Málaga

 

 

Después de lo vivido, no dejaba de darle vueltas a la cabeza.

Decidí revisar los registros de viento de aquellos días y encontré algo que me llamó especialmente la atención.

En zonas del interior malagueño, como Antequera, Colmenar y Archidona, se habían registrado rachas de viento que en ocasiones fueron bastante fuertes, tanto el 15 como el 16 de agosto.

Aquello me dio una pista importante.

Mi interpretación es que aquellas rachas, asociadas al flujo procedente del interior, pudieron favorecer el paso del aire sobre las sierras y su posterior descenso hacia la costa oriental malagueña.

En ese recorrido entran en juego dos importantes conjuntos montañosos: la Sierra de Camarolos y los Montes de Málaga.

La Sierra de Camarolos se encuentra en el sector nororiental de la provincia de Málaga, entre las comarcas de Antequera y la Axarquía. Su punto culminante es el Cerro de la Cruz, con aproximadamente 1.440 metros de altitud.

Cuando una masa de aire atraviesa un relieve montañoso y desciende por la vertiente opuesta, aumenta la presión atmosférica que soporta.

Como consecuencia, el aire se comprime y se calienta mediante un proceso conocido como calentamiento por compresión adiabática.

Este mecanismo es fundamental para comprender muchos episodios de terral malagueño.

Ahora bien, la intensidad del calentamiento y la capacidad del viento para alcanzar la costa dependen de varios factores, entre ellos la dirección y velocidad del flujo, la estabilidad de la atmósfera y la disposición del relieve.

En el caso de Rincón de la Victoria, los valles y arroyos pueden actuar como corredores naturales que favorecen la canalización del viento hacia el litoral.

Y aquí es donde cobra sentido lo que observé caminando por el arroyo de Benagalbón.

Los arroyos, auténticos pasillos para el viento

Una de las particularidades geográficas de Rincón de la Victoria es la existencia de numerosos arroyos que descienden desde las zonas interiores hasta el Mediterráneo.

Entre los principales destacan:

  • Arroyo Totalán, en el sector occidental del municipio.
  • Arroyo de Benagalbón, que desciende hacia la zona de Torre de Benagalbón.
  • Arroyo Granadillas, otro de los cauces importantes del término municipal.

Estos corredores del terreno pueden favorecer que determinadas corrientes de aire procedentes del interior lleguen hasta zonas muy próximas a la costa.

Esto ayuda a explicar por qué, en ocasiones, se puede notar una racha de aire muy caliente en un punto concreto y, a poca distancia, seguir percibiéndose una temperatura más agradable.

La distribución del terral no siempre es uniforme.

Su comportamiento puede variar considerablemente de una localidad a otra y, en determinadas situaciones, incluso entre diferentes sectores de una misma playa.

Eso fue precisamente lo que experimenté en agosto de 2004.

Un terral que puede durar apenas quince o treinta minutos

Otra de las características que más me ha llamado la atención durante mis observaciones veraniegas en Rincón de la Victoria es su corta duración.

En los episodios que he presenciado, el terral puede durar apenas quince minutos o media hora.

En algunas jornadas lo he observado una o dos veces, para después desaparecer tan rápidamente como había llegado.

Mi impresión, a partir de aquellas experiencias y de los registros de viento que consulté, es que existe una relación entre las rachas intensas del interior y la llegada de estos golpes de aire caliente hasta la costa.

Cuando el flujo pierde fuerza o cambia la situación atmosférica, el terral puede dejar de alcanzar el litoral y la temperatura vuelve a descender.

Naturalmente, no todos los episodios tienen por qué responder exactamente al mismo patrón. La evolución del viento local, la mezcla de masas de aire y la influencia marítima también pueden intervenir.

Pero aquellas observaciones me convencieron de algo que José María ya me había contado: el terral no siempre se queda en la fábrica de cemento.

Cuando el termómetro se dispara: los 41,7 °C de 2012 y los 43,1 °C de 2020

Los episodios de calor intenso también forman parte de la historia meteorológica de Rincón de la Victoria.

Entre los valores que tengo anotados de la estación de AEMET destacan dos fechas especialmente llamativas.

14 de julio de 2012: 41,7 °C.

Una temperatura extraordinariamente elevada para una localidad situada junto al Mediterráneo.

Pero todavía más espectacular fue lo sucedido el 2 de agosto de 2020, cuando se alcanzaron, según mis registros, los 43,1 °C.

Lo más interesante de aquella jornada no fue únicamente la temperatura máxima, sino su evolución a lo largo del día.

La máxima se produjo alrededor de las 13:20 horas.

Poco después, la temperatura descendió hasta situarse cerca de los 30 °C.

Es decir, una bajada de más de trece grados respecto al valor máximo.

Y la historia no terminó ahí.

Hacia las 18:30 horas, el termómetro volvió a subir, alcanzando aproximadamente los 37 °C.

Una evolución térmica realmente llamativa.

Este tipo de cambios bruscos resulta compatible con alternancias entre aire muy cálido procedente del interior y aire más fresco de influencia marítima, aunque para determinar con exactitud lo sucedido aquel día habría que analizar conjuntamente los registros de viento, temperatura y humedad.

No deja de ser sorprendente que, en una localidad costera como Rincón de la Victoria, puedan producirse contrastes térmicos tan importantes en cuestión de horas.

El terral no entiende de frases hechas

Durante muchos años se ha repetido que el terral no pasa de la fábrica de cemento.

Es una expresión muy conocida entre los malagueños y que seguramente seguiremos escuchando durante mucho tiempo.

Pero la meteorología no entiende de límites establecidos por la sabiduría popular.

El viento depende de las diferencias de presión, de la circulación atmosférica, de las características del relieve y de muchos otros factores.

Y, cuando se reúnen determinadas condiciones, el aire cálido procedente del interior puede llegar hasta La Cala del Moral, Rincón de la Victoria y Torre de Benagalbón.

Quizá no siempre con la misma intensidad ni durante tanto tiempo como en Málaga capital, pero el terral también puede hacerse notar en la costa del Rincón.

Lo he vivido personalmente y, desde aquel agosto de 2004, he prestado especial atención a estas situaciones.

Cada vez que noto una de esas rachas de aire caliente, me acuerdo inevitablemente de José María.

En recuerdo de José María, «24 horas»

Han pasado muchos años desde aquellas conversaciones junto a los espetos del Chiringuito La Marina.

Todavía recuerdo a José María trabajando frente a las brasas mientras hablábamos del terral, de las DANAS y de los arroyos del municipio.

Él conocía muy bien su tierra y sabía observar lo que ocurría a su alrededor.

A veces, la meteorología también se aprende así: escuchando a quienes llevan toda una vida pendientes del cielo, del viento y del mar.

Yo tuve la suerte de compartir con él aquellas conversaciones y, gracias a ellas, comencé a observar con otros ojos el comportamiento del terral en Rincón de la Victoria.

Y, por supuesto, también aprendí a colocar unas sardinas en la caña y a acercarlas a las brasas.

José María Galindo Carrillo, «24 horas», este capitulo del libro va dedicado a ti.

Porque cada vez que el terral llega a Torre de Benagalbón, vuelvo a recordar aquel verano de 2004.

Y porque hay amigos que, aunque ya no estén entre nosotros, siguen presentes en cada historia que contamos.

Un abrazo, amigo. Allí donde estés.

El TERRAL NO VIENE DE ÁFRICA. ! QUE ABURRIDA SERIA LA VIDA SI TUVIÉRAMOS QUE SUFRIR MONÓTONOS CIELOS DESPEJADOS DÍA TRAS DÍA ( Gavin Pretor) ! BLOG TORMENTA Y RAYOS . JOSE LUIS ESCUDERO

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