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Jose Luis Escudero Gallegos

Tormentas y Rayos Jose Luis Escudero

El huracán Isaías el más tardío del Atlántico frente a un Pacífico imparable

Buenos días, amigos de la meteo.

Fuente Noaa

Octubre ya está aquí y el Atlántico ha tenido que esperar hasta el día 8 para ver aparecer su primer huracán de la temporada. Después de ocho tormentas con nombre que no consiguieron alcanzar la categoría de huracán, cuyo umbral son unos 119 km/h de viento sostenido, Isaías ha roto por fin esa racha. Y lo ha hecho con un dato histórico: es el primer huracán más tardío de una temporada atlántica desde que existen registros fiables, igualando la marca de 1905.

El océano había tenido movimiento durante los meses anteriores, aunque ninguno de esos sistemas había conseguido dar el siguiente paso. Isaías, la novena tormenta con nombre de 2026, ha demostrado que la situación todavía podía cambiar.

Es un poco como tener los ingredientes preparados y que la receta no termine de salir. Porque para formar un huracán hace falta mucho más que agua cálida: la atmósfera también tiene que acompañar. Y esta vez, después de meses de condiciones desfavorables, las piezas terminaron encajando.

¿Desde cuándo no ocurría algo así?

La espera ha sido excepcional. En la era de los satélites nunca se había llegado tan lejos en el calendario sin un primer huracán atlántico. Los anteriores casos más tardíos de esta era fueron 2002 y 2013, cuando el primero apareció el 11 de septiembre. Este año, esa fecha quedó bastante atrás.

La formación de Isaías el 8 de octubre ha permitido igualar un registro histórico que se remontaba a 1905, cuando el primer huracán de aquella temporada también apareció a comienzos de octubre. Es una circunstancia extraordinaria, especialmente porque septiembre suele ser el mes de mayor actividad ciclónica en el Atlántico.

Otra cosa habría sido acabar toda la temporada sin ninguno. Los registros recogen dos años así: 1907 y 1914. Pero hay que leer ese dato con cuidado. Entonces no existía la vigilancia actual y algún huracán pudo recorrer el océano sin ser observado. En 2026, esa posibilidad ya ha quedado descartada con la aparición de Isaías.

Y no se ha tratado de un huracán cualquiera. Isaías consiguió intensificarse hasta alcanzar la categoría 3, convirtiéndose en el primer huracán mayor de la temporada, antes de debilitarse a categoría 2 y tocar tierra cerca de Destin, en Florida, durante la noche del 9 de octubre.

El Niño está poniendo las cosas difíciles. La cizalladura

 

 

 

Uno de los grandes protagonistas es El Niño. Aunque se origina en el Pacífico ecuatorial, sus efectos llegan mucho más lejos: modifica la circulación atmosférica y suele aumentar la cizalladura del viento en el Atlántico. La NOAA lo señaló como el principal freno esperado para la actividad de este año.

¿Y qué es la cizalladura? Imaginemos una torre de nubes que intenta crecer alrededor del centro de una tormenta. Si los vientos de abajo soplan de una manera y los de arriba de otra, esa torre se inclina y pierde organización. Al ciclón le cuesta mantener juntas las piezas que necesita para fortalecerse.

El resultado puede ser una tormenta que produce fuertes aguaceros, pero que no consigue convertirse en huracán. Eso sí: El Niño dificulta su desarrollo; no lo hace imposible.

Isaías es precisamente la demostración. Después de meses en los que las condiciones atmosféricas habían frenado la intensificación de las tormentas, una disminución de la cizalladura sobre el golfo de México permitió que el sistema encontrara un entorno más favorable. Las aguas muy cálidas y una configuración atmosférica propicia facilitaron su fortalecimiento.

Por tanto, la aparición de Isaías no contradice la influencia de El Niño. Lo que demuestra es que ese fenómeno no impide que, durante determinados periodos, las condiciones locales permitan el desarrollo de un huracán.

El mar puede estar listo y la atmósfera no.

El agua cálida es el combustible, pero no basta con llenar el depósito. También hacen falta humedad, tormentas persistentes y vientos que permitan organizar el sistema. Si alguna de esas piezas falla, el desarrollo puede frenarse.

El aire seco, por ejemplo, puede debilitar las nubes tormentosas que alimentan al ciclón. Y si predomina el aire descendente, resulta más difícil que crezcan esas grandes nubes que necesita para intensificarse.

También puede intervenir el aire procedente del Sáhara. Solemos fijarnos en el polvo que cruza el Atlántico, pero lo importante es el conjunto: esa masa de aire puede aportar sequedad, estabilidad y fuertes vientos, una combinación poco favorable para que una perturbación se fortalezca.

A veces, además, falla la “semilla”: las ondas tropicales que salen de África no encuentran el entorno adecuado para organizarse. Para este año, la NOAA también destacó una configuración menos favorable del monzón africano y un Atlántico tropical menos cálido en comparación con el conjunto de los trópicos. Eso no significa que el mar esté frío, sino que su ventaja térmica es menor.

Estos factores ayudan a entender cómo puede frenarse una temporada. Determinar cuánto ha pesado cada uno en 2026 requerirá un análisis más completo.

La evolución de Isaías añade una pieza importante a esta explicación. A pesar de las condiciones generales desfavorables de la temporada, el sistema encontró sobre el golfo de México una combinación de agua muy cálida, humedad y vientos suficientemente favorables para intensificarse. La atmósfera, que había actuado como freno durante buena parte del año, terminó abriendo una ventana de oportunidad.

La situación ya ha cambiado. La llegada de Isaías ha puesto fin a una espera histórica y ha recordado que una temporada poco activa no significa necesariamente una temporada sin riesgos.

El huracán no solo alcanzó la categoría 3, sino que también provocó una situación peligrosa en la costa estadounidense del golfo de México. Su llegada a Florida como categoría 2 estuvo acompañada de fuertes vientos, lluvias intensas y marejada ciclónica, con riesgo de inundaciones en distintas zonas del sureste de Estados Unidos.

El calendario todavía no ha cerrado la puerta a nuevos ciclones: la temporada atlántica termina oficialmente el 30 de noviembre. Una pausa en los vientos desfavorables o un entorno más húmedo puede dar una oportunidad a otra perturbación. Y una tormenta tropical, incluso sin llegar a huracán, puede causar inundaciones importantes.

El Atlántico está dejando una lección meteorológica muy clara: tener agua cálida no garantiza huracanes. El océano pone el combustible, pero la atmósfera decide si la maquinaria consigue arrancar.

Isaías ha demostrado, además, que esa maquinaria puede ponerse en marcha incluso después de varios meses de aparente tranquilidad.

El contraste entre el Atlántico y el Pacífico en 2026

En el Atlántico, la temporada acumula 9 tormentas con nombre y un solo huracán, Isaías, que alcanzó la categoría 3 y puso fin a una espera histórica.

La situación ha sido muy diferente en el Pacífico oriental, donde se han registrado 19 sistemas con nombre, de los cuales al menos 8 han alcanzado la categoría de huracán. Entre los más destacados figuran Fausto, Genevieve, Karina, Marie, Odalys, Polo, Rachel y Simon.

Por su parte, el Pacífico central ha registrado 6 tormentas con nombre, de las cuales 5 han alcanzado fuerza de huracán y 3 han sido huracanes mayores, según los últimos balances disponibles.

Estas cifras no deben sumarse directamente, ya que algunos ciclones se han desplazado del Pacífico oriental al central y pueden aparecer en los registros de ambas cuencas.

El contraste es llamativo: mientras el Atlántico ha tenido que esperar hasta octubre para registrar su primer huracán, el Pacífico ha acumulado numerosos ciclones, varios de ellos de gran intensidad.

 

 

El TERRAL NO VIENE DE ÁFRICA. ! QUE ABURRIDA SERIA LA VIDA SI TUVIÉRAMOS QUE SUFRIR MONÓTONOS CIELOS DESPEJADOS DÍA TRAS DÍA ( Gavin Pretor) ! BLOG TORMENTA Y RAYOS . JOSE LUIS ESCUDERO

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