Se lo prometían muy felices los discapacitados de Ronda. En la anterior legislatura municipal, con Antonio Marín Lara moviendo los resortes del Ayuntamiento como primer edil, se les vendió a bombo y platillo el proyecto de construcción de un centro dotado con elementos de última generación para hacerles la vida más amable y llevadera. Cómodas habitaciones sencillas y dobles, jardines, piscinas y solarium: todo lo requerido para paliar en lo posible las limitaciones físicas y psíquicas inherentes, a las que por desgracia, se veían sometidos.
Pero el proyecto se convirtió en aguas de borrajas: era viento y humo.” Una falsedad”, reconocen sin trabas en la lengua quienes se han visto afectado por la desaprobación del proyecto, ya que no cuentan con medios para hacerlo realidad ni la Junta de Andalucía ni mucho menos el Ayuntamiento.
La nueva alcaldesa, Mari Paz Fernández, ha sido explicita: No hay dinero para el centro. Seguramente no lo había cuando el anterior regidor encandiló a los discapacitados con la promesa de una construcción idílica. De ahí el descontento y la rabia contenida de quienes han visto frustradas sus esperanzas. Ya sabemos que, como apuntó sabiamente Tierno Galván, las promesas de los políticos están para no cumplirlas, pero cuando de lo que se trata es de cubrir las necesidades de un colectivo tan especial sería justo reclamar mayor seriedad y compromiso.