Aguas de Benaoján en entredicho
Avanzan los días y el problema de la presumible contaminación de las aguas en Benaoján y Montejaque no se soluciona. Ni autoridades municipales ni provinciales se han pronunciado con rotundidad al respecto, aparte de la prohibición del consumo, y la vecindad sigue confusa y sin saber a qué atenerse. Resulta paradójico que un pueblo como Benaoján cuyas aguas siempre tuvieron fama por su abundancia y salubridad se vea abocado ahora a un impasse de confusionismo que pone en entredicho sobre todo su calidad.
La pregunta que está en boca de todos es cómo esta infección no pudo detectarse a tiempo evitándose perjuicios en la salud de los consumidores y dando alas a especulaciones que obran en detrimento de unos recursos hídricos de una población que siempre tuvo como carácter específico de su fisonomía paisajística la proliferación de fuentes y manantiales potables.
Mucho se juega el pueblo por esta desagradable cuestión. Bastante tiene ya con la penosa apariencia que ofrece el río Guadiaro que por desidia de quienes estaban obligados a evitarla perdió su antiguo esplendor, perjudicando el auge de un turismo rural que se acrecienta por días. Esperemos que, nunca mejor dicho, las aguas vuelvan a su cauce, y en estos dos pueblos del alto Guadiaro pueda beberse sin miedos ni reparos, como se ha venido haciendo desde tiempos de los que tienen memoria los del lugar.
El alcalde de Benaoján, Franscisco Gómez , líder de la AgrupaciónProgresistas (APB), quien no ha dudado en reconocer como “ruinosa” para el pueblo la prolongación en el tiempo de la situación, ha alzado la voz contra la Juntade Andalucía a la que acusa de haber sembrado “alarma social” sobre esta cuestión. No le falta razón porque ya se han dado las primeras quejas de la industria chacinera – puntal económico del pueblo – así como de las pequeñas empresas de turismo rural que temen, la primera la disminución de pedidos, y la segunda la merma sustancial de la clientela.