Se podría afirmar sin temo a equivocarnos que no hay nadie que no conozca en su entorno la penosa situación de alguna familia desarraigada que arrastra la penosa situación de alguno de sus miembros, cuando no todos, subsumido en el paro. Pero hay, por fortuna, quien considera que ayudar con sus aportaciones económicas o en especie a quienes sucumbieron muy a su pesar a un estado mísero, forma parte de su manera de entender la vida haciendo suyo el sufrimiento de su semejante.
Y las ayudas se muestran más cuantiosas que nunca en estos días. No el “hombre un lobo para el hombre” que dedujo Hobbes, al ver el comportamiento de sus congéneres, sino “el hombre sagrado para el hombre” como nos iluminó Séneca antes del advenimiento de la Cristiandad.
Las aportaciones a los necesitados se han multiplicados a rebufo de las fiestas navideñas. Y en esta circunstancia juegan un papel primordial las ONG que canalizan la generosidad multiplicada de todos hacia quienes la esperan como un maná divino.
Se desviven Manos Unidas, Bancosol, Cáritas, entre otras organizaciones altruistas, que sirven de correa de transmisión para que la fidelidad de miles de personas a la causa común de asistencia al necesitado se verifique sin demora y puntualmente. Merecen nuestra adhesión y agradecimiento más profundo.