Quizás esa sea la solución para nuestra maltrecha economía, o por lo menos para rebajar las cifras de paro en la juventud que ahondan cada vez más en un pozo que sigue siendo insondable y oscuro en grado extremo. Otra vez lo fue.
Puede que haya que ir preparando las maletas, que presumiblemente ya no serán de madera y cartón como las que en los años 60 los emigrantes transportaban sus pobres bártulos, entre los que no podía faltar la tortilla de patata envuelta en papel de periódico o la ensarta de chorizos del lugar creando en las estaciones de tren unas escenas que aún perduran en la memoria y que marcaron la existencia de una España abocada a la desesperación.
Fueron unas estampas que todavía están arraigadas en los que ya peinan canas en los pueblos del interior de Málaga, en todos sin excepción. Había que dejar atrás un panorama negro y un futuro incierto. Sangría humana, desgarro familiar, pero, al final, regeneración merced a las divisas que nos vinieron allende fronteras.
¿Estamos ante un nuevo milagro económico alemán? El primero(Wirtschaftswunder) tuvo lugar en el pasado siglo, favorecido por la recuperación económica iniciada después de la II Guerra Mundial, y vino de la mano del canciller Ludwig Erhard, sucesor de Adenauer. Entre 1950 y 1960 el producto interior bruto de la república creció más de un 60% impulsado por una serie de innovaciones económicas que validaron su papel hegemónico en Europa.
Ahora las causas de la pujanza de la Alemania de Angela Merkel son ciertamente distintas. Pero lo que nos importa a los países que nos movemos en su órbita económica es que va a necesitar miles de trabajadores que atiendan su floreciente industria, la cual no sufrió daños irreparables durante la crisis que agobia al resto del mundo occidental y que vuelve a remontar de nuevo como la locomotora que fue durante los últimos tiempos.
Lo dicho, de nuevo la pujanza alemana para sacarnos las castañas del fuego. Las miras de un país mortecino puestas de nuevo en otro floreciente capaz de redimir a muchos de la desesperanza y el desencanto. Y la gente aprendiendo el lenguaje teutón a marchas forzadas por lo que pueda acontecer.